Expuesto en el Seminario «El Pensamiento de Nietzsche en la Meditación Histórica de Heidegger», FFyL, UNAM, Semestre 2010-2
105. Hölderlin – Kierkegaard – Nietzsche
“Ninguno sea hoy tan temerario y tome como mero acaso el que estos tres, cada uno a su manera, habiendo sufrido por último, del modo más profundo, el desarraigo al que es arrastrada la historia occidental, y que a la vez habiendo vislumbrado del modo más íntimo a sus dioses, tuvieran que salir tempranamente de la claridad de su día”.
Heidegger señala: la historia occidental es arrastrada hacia el desarraigo, lejos de lo más merecedor de pensarse y distante del suelo nutricio fundamental. Así como la planta que es arrancada de la tierra sólo existe en y para sí misma y lenta y solitariamente marchita, asimismo la sed, la asfixia progresiva de la historia nos advierte del abandono fundamental. Por consiguiente, no resulta un mero acaso que Hölderlin, Kierkegaard y Nietzsche salieran tempranamente de la claridad de su día ―de la temprana luz de la razón y la claridad del espíritu. Y es que ellos son la temprana penumbra del crepúsculo histórico: ahí donde re-suena el estertor silencioso del abismo.
Pues Ahí donde hay asfixia… asalta el vacío…
…el desarraigo igualmente abruma a los tres pensadores pero de manera especialmente profunda; ellos (pre)sienten el abandono. El sentido trágico de suyo ad-vierte la indigencia, el alejamiento, la distancia, lo in-cuestionado; ad-vierte también la insustancial sustancialidad o la siempre incierta certeza que a diario estremece cual tímida barca a la deriva. Así, ellos mismos sienten el agotamiento como la historia que son y de sus letras resuena lo venidero; en ellos acontece la historia como historia del Ser y el primer, fugaz esbozo del ad-venir.
Y es que algo se prepara: la emergencia de la silenciosa claridad nocturna y su llamada al origen; lo aórgico, lo dionisíaco y la angustia desenmascaran, cada uno a su manera, el rostro informe de la des-presencia; la más absoluta posibilidad de Ser.
105. La Decisión sobre toda «ontología» en la realización de la confrontación entre el primero y el otro comienzo
“…el parecer del despejamiento es en sí al mismo tiempo el velarse y en este sentido, lo más oscuro… El oír mortal tiene que dirigirse a lo Otro”.
(Logos, pp. 246 y 187)
Se hace necesaria la meditación sobre la ontología, pues un mero rechazo de ésta sin superación de su origen no produce de ningún modo, a lo sumo pone en peligro toda voluntad de pensar. Con estas palabras, Heidegger obliga al ir al fondo hasta perderlo, hasta agotarlo, hasta superarlo y con ello, extraer de ahí, donde todo fondo desaparece, las posibilidades del tránsito.
Y es que lo merecedor de pensarse no ha sido pensado todavía, antes bien, el simple rechazo toma como criterio un muy cuestionable concepto del pensar, puesto que no atiende al Ser sino que discurre desde la máxima confusión entre el Ser y el Ente. Antes bien, exigencia de Heidegger resulta el mostrar por qué ésta crítica se hizo necesaria en medio de la historia de la pregunta conductora. De ahí, una vez más, la superación de la ontología requiere el despliegue de la misma a partir de su comienzo, con objeto de hacer hablar al silencio; se trata de ex-traer los cauces de su acontecer histórico y de ésta manera des-bordarlos; frente a la dialéctica del progreso que sólo vincula el futuro con el pasado relatado, reconocido y denegado por el presente, Heidegger impone las posibilidades de la ausencia de la presencia: las posibilidades de lo no-dicho por no-sido.
De esta manera Heidegger prosigue y reinterpreta la cultura trágica por la vía de Hölderlin y Nietzsche. Sólo de ésta manera la voluntad pensante (andenken), que Heidegger ya sitúa en Ser y Tiempo, busca un camino de tránsito de la pregunta conductora a la pregunta fundamental. En este punto, señala Heidegger, resta por mostrar cómo a través de la conformación de la ontología en ontoteología se sella definitivamente el alejamiento de la pregunta fundamental y de su necesidad, así como también, cómo en esta historia Nietzsche lleva a cabo el fin creador, es decir, la marca del tránsito desde el acabamiento de la metafísica hacia algo no pensado…