Sobre la Facticidad y el Encontrarse

Apuntes Relativos al Parágrafo 29 de «Ser y Tiempo»

El encontrarse, el comprender y el habla, en tanto modos co-originarios del “ser en”, constituyen diferentes matices del fenómeno de la “apertura” y que ponen en evidencia el carácter extático y temporal de la existencia. Relativo a estos tres modos del “ser en”, el Dasein en cuanto “ser en el mundo” es él mismo su “ahí”. Ello sugiere, en palabras de Heidegger, la facticidad de la entrega a la responsabilidad. El concepto de facticidad nombra nuestro existir propio en cada ocasión, el aquí y el ahora como “factum”, pero no el factum brutum de algo ante los ojos sino el existir propio en su “aquí” ocasional. La “actualidad” constituye una determinación de dicha ocasionalidad y que en palabras de Heidegger, según las lecciones de 1923 en la Universidad de Friburgo: “la actualidad en tanto modo de la facticidad podrá determinarse en su carácter ontológico sólo cuando se haya hecho visible de modo explícito el fenómeno fundamental de la facticidad: la temporalidad (que no es una categoría sino un existenciario)”[1].

Ontológicamente, la actualidad supone el “presente ahora”, “en este momento”, “ahora mismo”; también el uno, el estar con los demás, con los otros; e igualmente “nuestro tiempo”[2]. En este sentido, la facticidad permite apreciar con mayor claridad la co-originariedad de los modos de “ser en”, pues no sólo toda afectividad es comprensiva y todo comprender es afectivo, sino que, a su vez, el habla se presenta como la articulación de dicha comprensibilidad y todo ello en un aquí y ahora ocasional. Citando palabras de Heidegger a este respecto: “El existir se mueve (fenómeno fundamental) en un modo determinado de hablar de sí mismo, al que técnicamente llamaremos ‘hablilla’. Este hablar ‘de’ sí mismo es el modo normal y público como existir se toma y se conserva a sí mismo. En el hablilla reside una precomprensión determinada que el existir tendrá de sí mismo: el ‘en cuanto qué’ según el cual el existir se aborda y se habla a ‘sí’. Esta hablilla es, por lo tanto, el ‘como’ en que una determinada interpretación ya-hecha de sí mismo está a disposición del existir mismo”[3].

Esto último, cabe reiterar, acontece co-originariamente en una disposición afectiva que determina ontológicamente el “factum” de la existencia como en cada caso su “ahí”. De esta manera, la facticidad establece el fenómeno fundamental de la temporalidad y que será expuesto por Heidegger en términos de la finitud, el límite y el anclaje en la existencia. Por ahora y en relación con el modo del “encontrarse”, el estado de ánimo abre el “ahí” como “estado de yecto” o “de arrojado”, “estado de referido” o bien, lo que en términos generales Heidegger denomina “caracteres ontológicos del “encontrarse”:

1.- “El encontrarse abre el Dasein en su estado de yecto, e inmediata y regularmente en el modo de la aversión esquivadora”[4].

El estado de ánimo posee un carácter sorpresivo y anónimo, en palabras de Heidegger “cae sobre”: “No viene ni de ‘fuera’ ni de ‘dentro’, sino que como modo del ‘ser en el mundo’ emerge de este mismo”[5]. Es decir, el Dasein no es dueño de los estados de ánimo sino que éstos lo constituyen. El Dasein yace en ellos, arrojado en términos de un encontrarse “siendo” anímicamente. En este sentido, el estado de ánimo “abre” el “ahí” pero paralelamente también lo cierra. El Dasein se evade, se esquiva y dicha aversión evidencia una tensión. Aquello abierto por el estado de ánimo al mismo tiempo se le escapa.

2.- “El estado de ánimo ha abierto en cada caso ya el ser en el mundo como un todo y hace por primera vez posible un dirigirse a…”[6].

A diferencia de un sujeto cerrado en sí mismo, la apertura consiste en ser mera relación de ser[7] y en este sentido, totalidad. Encontrarse, en estos términos, significa permitir que haga frente lo intramundano, aunado a lo cual la existencia se encuentra “siendo” afectiva o emotivamente como totalidad. Este segundo carácter del “encontrarse”, en palabras de Heidegger: “…es una forma existenciaria fundamental del ‘estado de abiertos’ con igual originalidad del mundo, el ‘ser ahí con” y la existencia, porque esta última es esencialmente ‘ser en el mundo’”[8]. De esta manera se desprende el último carácter del “encontrarse”.

3.- “En el encontrarse hay existenciariamente un estado de referido abriendo, el mundo, a base del cual estado de referido puede hacer frente lo que hiere”[9].

El “ser en”, en cuanto tal, es determinado existenciariamente de tal suerte que puede ser herido por lo que hace frente dentro del mundo. En palabras de Heidegger: “Bajo el punto de vista ontológico tenemos, en efecto, que abandonar radicalmente el primario ‘descubrimiento’ del mundo al ‘mero estado de ánimo’. Una pura intuición, aunque penetrase hasta las últimas venas del ser de algo ‘ante los ojos’, no lograría jamás ‘descubrir’ nada parecido a lo amenazador” [10]. Dejándose herir por el mundo el Dasein muestra su entrega a éste y que en tanto su ahí, permite decir en cierto modo que el Dasein se “esquiva a sí mismo”. Esto último cierra el círculo y revela la co-pertencia de los tres caracteres ontológicos del “encontrarse”.

En resumen, el “encontrarse” se muestra como una forma existenciaria fundamental en que el “ser ahí” es su “ahí” (vivir fáctico) encontrándose anímicamente (estado de arrojado) haciendo frente a lo intramundano (estado de referido) y de tal suerte que puede ser herido. El temor o el miedo, finalmente, pondrán de manifiesto la estructura del encontrarse en general. Al inicio del parágrafo 30 Heidegger aborda el fenómeno del temor desde tres puntos de vista, a saber: (a) Aquello que se teme (ante qué del miedo) (b) El temer (el tener miedo) y (c) Aquello por lo que se teme (el por qué del miedo). El primero de ellos, lo temible, es en todos los casos algo que hace frente dentro del mundo y que puede tener la forma de ser de lo “a la mano”, de lo “ante los ojos” o del “ser ahí con” (la coexistencia), pero siempre con el carácter de “lo amenazador”.[11] En este sentido, no se trata de una determinación óntica de los entes que pueden ser temibles dentro del mundo sino la definición fenoménica de lo temible en cuanto tal.

A partir de lo anterior, la determinación del miedo, en tanto modo del encontrarse, permitirá a la postre distinguir un estado de ánimo de aquello que se denominará estado de ánimo fundamental.

Notas y Bibliografía


[1] Heidegger, Martin., “Ontología. Hermenéutica de la Facticidad”, traducción Jaime Aspiunza, Alianza Editorial, Madrid, 1999, p. 51

 

[2] Se siguen en estos términos las notas de Aspiunza a la traducción de “Hermenéutica de la Facticidad”.

[3] Ibid, pp. 51-52.

[4] Heidegger, Martin., “El Ser y El Tiempo”, traducción José Gaos, FCE, México, Octava reimpresión, 1999, p. 153

[5] Ibid, p. 154

[6] Ibidem.

[7] (ser) mundo, factum, en el sentido ontológico en que se ha descrito.

[8] Ibidem.

[9] Ibid, p. 155.

[10] Ibidem.

[11] Ibid, p. 158

El encontrarse, el comprender y el habla, en tanto modos co-originarios del “ser en”, constituyen diferentes matices del fenómeno de la “apertura” y que ponen en evidencia el carácter extático y temporal de la existencia. Relativo a estos tres modos del “ser en”, el Dasein en cuanto “ser en el mundo” es él mismo su “ahí”. Ello sugiere, en palabras de Heidegger, la facticidad de la entrega a la responsabilidad. El concepto de facticidad nombra nuestro existir propio en cada ocasión, el aquí y el ahora como “factum”, pero no el factum brutum de algo ante los ojos sino el existir propio en su “aquí” ocasional.

La “actualidad” constituye una determinación de dicha ocasionalidad y que en palabras de Heidegger, según las lecciones de 1923 en la Universidad de Friburgo: “la actualidad en tanto modo de la facticidad podrá determinarse en su carácter ontológico sólo cuando se haya hecho visible de modo explícito el fenómeno fundamental de la facticidad: la temporalidad (que no es una categoría sino un existenciario)”[1].

Ontológicamente, la actualidad supone el “presente ahora”, “en este momento”, “ahora mismo”; también el uno, el estar con los demás, con los otros; e igualmente “nuestro tiempo”[2]. En este sentido, la facticidad permite apreciar con mayor claridad la co-originariedad de los modos de “ser en”, pues no sólo toda afectividad es comprensiva y todo comprender es afectivo, sino que, a su vez, el habla se presenta como la articulación de dicha comprensibilidad y todo ello en un aquí y ahora ocasional.

Citando palabras de Heidegger a este respecto: “El existir se mueve (fenómeno fundamental) en un modo determinado de hablar de sí mismo, al que técnicamente llamaremos ‘hablilla’. Este hablar ‘de’ sí mismo es el modo normal y público como existir se toma y se conserva a sí mismo. En el hablilla reside una precomprensión determinada que el existir tendrá de sí mismo: el ‘en cuanto qué’ según el cual el existir se aborda y se habla a ‘sí’. Esta hablilla es, por lo tanto, el ‘como’ en que una determinada interpretación ya-hecha de sí mismo está a disposición del existir mismo”[3].

Esto último, cabe reiterar, acontece co-originariamente en una disposición afectiva que determina ontológicamente el “factum” de la existencia como en cada caso su “ahí”. De esta manera, la facticidad establece el fenómeno fundamental de la temporalidad y que será expuesto por Heidegger en términos de la finitud, el límite y el anclaje en la existencia. Por ahora y en relación con el modo del “encontrarse”, el estado de ánimo abre el “ahí” como “estado de yecto” o “de arrojado”, “estado de referido” o bien, lo que en términos generales Heidegger denomina “caracteres ontológicos del “encontrarse”:

1.- “El encontrarse abre el Dasein en su estado de yecto, e inmediata y regularmente en el modo de la aversión esquivadora”[4].

El estado de ánimo posee un carácter sorpresivo y anónimo, en palabras de Heidegger “cae sobre”: “No viene ni de ‘fuera’ ni de ‘dentro’, sino que como modo del ‘ser en el mundo’ emerge de este mismo”[5]. Es decir, el Dasein no es dueño de los estados de ánimo sino que éstos lo constituyen. El Dasein yace en ellos, arrojado en términos de un encontrarse “siendo” anímicamente. En este sentido, el estado de ánimo “abre” el “ahí” pero paralelamente también lo cierra. El Dasein se evade, se esquiva y dicha aversión evidencia una tensión. Aquello abierto por el estado de ánimo al mismo tiempo se le escapa.

2.- “El estado de ánimo ha abierto en cada caso ya el ser en el mundo como un todo y hace por primera vez posible un dirigirse a…”[6].

A diferencia de un sujeto cerrado en sí mismo, la apertura consiste en ser mera relación de ser[7] y en este sentido, totalidad. Encontrarse, en estos términos, significa permitir que haga frente lo intramundano, aunado a lo cual la existencia se encuentra “siendo” afectiva o emotivamente como totalidad. Este segundo carácter del “encontrarse”, en palabras de Heidegger: “…es una forma existenciaria fundamental del ‘estado de abiertos’ con igual originalidad del mundo, el ‘ser ahí con” y la existencia, porque esta última es esencialmente ‘ser en el mundo’”[8]. De esta manera se desprende el último carácter del “encontrarse”.

3.- “En el encontrarse hay existenciariamente un estado de referido abriendo, el mundo, a base del cual estado de referido puede hacer frente lo que hiere”[9].

El “ser en”, en cuanto tal, es determinado existenciariamente de tal suerte que puede ser herido por lo que hace frente dentro del mundo. En palabras de Heidegger: “Bajo el punto de vista ontológico tenemos, en efecto, que abandonar radicalmente el primario ‘descubrimiento’ del mundo al ‘mero estado de ánimo’. Una pura intuición, aunque penetrase hasta las últimas venas del ser de algo ‘ante los ojos’, no lograría jamás ‘descubrir’ nada parecido a lo amenazador” [10]. Dejándose herir por el mundo el Dasein muestra su entrega a éste y que en tanto su ahí, permite decir en cierto modo que el Dasein se “esquiva a sí mismo”. Esto último cierra el círculo y revela la co-pertencia de los tres caracteres ontológicos del “encontrarse”.

En resumen, el “encontrarse” se muestra como una forma existenciaria fundamental en que el “ser ahí” es su “ahí” (vivir fáctico) encontrándose anímicamente (estado de arrojado) haciendo frente a lo intramundano (estado de referido) y de tal suerte que puede ser herido. El temor o el miedo, finalmente, pondrán de manifiesto la estructura del encontrarse en general. Al inicio del parágrafo 30 Heidegger aborda el fenómeno del temor desde tres puntos de vista, a saber: (a) Aquello que se teme (ante qué del miedo) (b) El temer (el tener miedo) y (c) Aquello por lo que se teme (el por qué del miedo). El primero de ellos, lo temible, es en todos los casos algo que hace frente dentro del mundo y que puede tener la forma de ser de lo “a la mano”, de lo “ante los ojos” o del “ser ahí con” (la coexistencia), pero siempre con el carácter de “lo amenazador”.[11] En este sentido, no se trata de una determinación óntica de los entes que pueden ser temibles dentro del mundo sino la definición fenoménica de lo temible en cuanto tal.

A partir de lo anterior, la determinación del miedo, en tanto modo del encontrarse, permitirá a la postre distinguir un estado de ánimo de aquello que se denominará estado de ánimo fundamental.


 

[1] Heidegger, Martin., “Ontología. Hermenéutica de la Facticidad”, traducción Jaime Aspiunza, Alianza Editorial, Madrid, 1999, p. 51

[2] Se siguen en estos términos las notas de Aspiunza a la traducción de “Hermenéutica de la Facticidad”.

[3] Ibid, pp. 51-52.

[4] Heidegger, Martin., “El Ser y El Tiempo”, traducción José Gaos, FCE, México, Octava reimpresión, 1999, p. 153

[5] Ibid, p. 154

[6] Ibidem.

[7] (ser) mundo, factum, en el sentido ontológico en que se ha descrito.

[8] Ibidem.

[9] Ibid, p. 155.

[10] Ibidem.

[11] Ibid, p. 158