Sobre todo y Sobre Nada

Cuatro Paradigmas Deconstructivos

Se trata de cuatro visiones que ofrecen voz al silencio, alimentándolo con palabras que muestran en sí mismas el vacío de que están hechas; disolviéndose palmo a palmo para sucumbir en el vórtice de Pandora. De hecho, cada uno emergió de esa caja en pos del rastro de una melodía: la humanidad. Palabra complicada, apenas una lágrima que se precipita desde un balcón en la Glorieta Río de Janeiro o sobre la avenida Álvaro Obregón; rastro de sudor que vaga ausente cual diminuta flama inquieta; la doble amenaza: extinguirse o quemarlo todo a su paso, tras el último tañir de la lira. Así, cuatro plagas son esos cuatro jinetes del apocalipsis, sendas no lineales que se recorren al tacto: la música, el derecho, la filosofía, la literatura; siempre las mismas pero siempre distintas: la peste, el hambre, la guerra y la muerte. Cada una y las otras como un juego de cajas chinas o la promiscua mascarada de sombras que se alimentan del incandescente flujo de una intimidad clandestina; formas lentas que se suceden, el dogma: las más ardientes elegías surgen de los rastros que deja la vela al extinguirse; como la cera que transcurre lento a lo largo del adoquín; precipitándose a través de las grietas que dejan los temblores; escurriéndose por entre las alcantarillas. Lo maloliente y lo vergonzoso que exudan las flores de lento mecer, luego de abrirse paso a través de los muslos de piedra que envejecen bajo el sol.

En principio, se trata de dislocar el espacio, desplazar al sujeto y su verdad, lejos de cualquier privilegio de presidium (su dogma) y arrojarlo ahí: al mundo, a la más pura incertidumbre cuántica. Después, progresivamente, alimentarse de una relación erótica con quienes se supone debieran presentarse inertes. Se trata, en una palabra, de penetrar; entrar en con-tacto y perder el sentido. El juego mutuo habrá de ser un éxtasis de seducción.

Por lo anterior, no se trata de una conferencia magistral sino de una experiencia de performance. No se trata de acudir a un acto de iluminismo iniciático sino a un incendio. Antes que estar dispuesto a admirar las formas petrificadas del cuerpo, se trata de tocar; aprender a tocar y estar dispuesto a ser tocado: ahí… en lo profundo. Allende el incógnito espacio que se distiende en sostenido; ahí, donde el éxtasis oculta la erección de la semilla. Se sabrá entonces por qué, el hueco de los escalofríos  es el germen de las fiebres más intensas. Al salir, el objetivo será que cualquiera pueda ver el rastro de los ecos urbanos sobre la piel; aquellos que se marcan como tatuajes pero también mediante la pesantez de las arrugas.  En cualquier caso, se trata de liberar la piel de los deseos inconscientes, invitándola a descomponerse; dejándola tan frágil que baste con una caricia para que se derrame en centenares de pompas de jabón, notas musicales, párrafos de tierra o ideas sanguinolentas.

La charla-performance con la presencia de Alejandro Arzumanian (compositor, poeta y escritor), Sergio Berlioz (compositor y musicólogo), el abogado Sergio Soto y quien esto escribe, J.E.J. Ramos Talavera, tendrá verificativo el próximo 17 de julio a las 19:00 hrs., en  el Café-Bar «Las Hormigas» de La Casa del Poeta, Alvaro Obregón 73, Col. Roma. La entrada es libre. Reciban todos la más cordial invitación. Download Document

Posdata Lineal.- Cuando Alejandro Arzumanian propuso la idea de esta charla, no me resultó difícil definirla con el título de «Cuatro Paradigmas Deconstructivos». Alejandro tiene una vasta experiencia en el performance, por lo que romper la estuctura lineal de una presentación temática me llamó fuertemente la atención. Junto al maestro Sergio Berlioz y Sergio Soto, además de buenos amigos, pertenecemos a distintos tipos de formación pero convergemos en el quehacer cultural al que personalmente (y en concordancia con Arzumanian) considero un ámbito de confrontación. El performance tiene esa cualidad: su agresividad visual y temática. El performance encarna las palabras y hace sentir lo que de otra manera sólo puede recibirse racionalmente. En las conferencias y exposiciones convencionales, la disposición del espacio físico supone una distancia que hace destacar la claridad de la forma racional sobre la pasión, no obstante sea esta última la que encarna la cultura. Si ha de confrontarse la cultura, el contexto de una conferencia no parece, entonces, el más apto.

Romper los oídos, retomando a Nietzsche, requiere de anular la distancia que es el privilegio de la forma como he tratado de exponer a lo largo de mi trabajo. Considero que el performance provee del medio más idóneo para hacer intempestiva una experiencia que de otra manera sería eminentemente racional. De cualquier forma, lo que habremos de acometer será un experimento y como tal, lo impredecible será la pauta que permita confrontar las ideas en un auténtico campo de batalla. Al fin y al cabo, el conocimiento y la cultura no son otra cosa que una violenta confrontación.